Por: Guillermo Torres López

Las fiestas septembrinas se suspendieron oficialmente, el Gobierno del Estado y la Federación decidieron preservar la salud de los colimenses y del resto de los mexicanos en todo el país. Dijeron “no” a las aglomeraciones en masa, motivando a que las familias se queden en sus hogares.

No se deprima ante este escenario: organice una rica y sabrosa carne asada, o pozole, tamales y atole; tostadas, totopos, guacamole, chiles en nogada, frijoles charros con una rica y sabrosa salsa mexicana. Que no falten la jícama y el pepino con chile y limón.

En casa organice a su núcleo familiar –no se permiten aglomeraciones-, cuide mucho a mamá y papá: desempolve las trenzas, las enaguas, el rebozo y los calzones de manta. Aquí promueva el afectivo saludo japonés –reverencia-, y disfrute de una sabrosa cena –encargada- de la cenaduría, cocina o fondita del barrio. Apoye la economía local y familiar. 

Si la reunión con los amigos es inevitable, procure que no sean más de seis, dígales que la “Noche Mexicana es al aire libre, en el patio pues y de harta distancia”. Que uno de ellos, “solo uno”, aliste los sones y el mariachi en su celular, en algún reproductor de audio, en YouTube o en su guitarra, y si no tiene pues cante a capela. El celular no se puede rolar. No, no y no, nada de prestar.

Sin falta, tiene que elegir a uno de los invitados para que funja como “monitor” –el que llegue primero, ese es el formal-, esto es para cuando lleguen los invitados cheque que todos traigan su paliacate en la trompa, les ponga gel, les revise la temperatura y les recuerde que nada de beso ni apapacho. Y la recomendación principal es, cuando el tequila, la chela, el ponche o la candela suban de tono, y observe que ningún invitado pierda la sana distancia ¡Zas! Un “cornetazo” o “coscorrón” para que no pierdan la formación. ¡Firmes ya! Y si ya sabe cuál es el teporocho que pierde la noción del tiempo y espacio, ni modo: hay que darle pura agua de horchata o de limón. Así es esto de la nueva normalidad.

Vaya y compre al changarrito que se encuentra en el jardín su distintivo mexicano: un pin, una corneta, un muñequito, una pulsera, trenzas, moños, bandera, collar, tambor, guitarra o lo que sea, no deje que las penas o el COVID-19 le robe la memoria histórica del 16 de septiembre de 1810, día en que festejamos nuestra independencia como nación.

Que la fiesta y el espíritu nocturno del 15 de septiembre de 1810 derrote la tristeza y el dolor que causa el Covid en este 2020.

Hoy más que nunca, ¡Qué Viva México, mexicanos!

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